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La diferencia entre la suerte y la buena suerte…

Hoy por Hoy – Entrevista a Alex Rovira

¿Sabes que la buena suerte depende de ti? ¿Sabes qué diferencia hay entre la buena suerte o el azar?

El azar reparte las cartas pero nosotros las jugamos. Shopenhauer

Hay una suerte que se puede trabajar, forjar y construir.

Dice Alex Rovira que la lectura que hacemos sobre la suerte es una lectura como la que hacemos sobre la vida: totalmente subjetiva.

Hoy compartimos con vosotros algunas de las reflexiones de este escritor, conferenciante internacional, líder de ventas en autoayuda y uno de los ponentes de Mentes Expertas.

Es autor de obras como “La Buena Suerte”, con más de 5 millones de ejemplares vendidos y traducido a más de 40 idiomas, “La Brújula Interior”, “Los 7 poderes” o “La Buena Vida” entre otros.

El otro día comentaba en una de sus conferencias que entrevistó a una señora que vivió una circunstancia desgraciada. De repente un día se levantó y su marido no estaba, desapareció sin dejar rastro y la dejó con tres niños pequeños. Ella no trabajaba, no tenía estudios y se tuvo que poner a trabajar en un bar limpiando y luego de camarera. Hoy es una mujer que ha conquistado una fortuna y que le dijo a Alex una frase que nunca olvida: “algunas veces se gana y otras se aprende.”

La buena suerte, la que podemos trabajar, se aprende.

Hay que diferenciar el concepto de suerte y el de buena suerte. La suerte es el azar, no lo podemos controlar. La buena suerte depende de nosotros/as.

Y la primera regla de la buena suerte es que “Hay que creerlo para verlo, no verlo para creerlo”.

Hay gente bellísima que merecería mucho más. La cuestión es: ¿Creamos nuestra buena suerte? ¿Somos capaces de negociar con la realidad? ¿De aceptar los límites que tiene pero, a la vez, de ponernos desafíos?

Alex Rovira advierte que quien lucha por sus sueños, a veces se puede sentir solo. Y, si lo logra, pueden envidiarle, pueden criticarle, o juzgarle severamente. Pero hay que intentar no tomarse nunca nada personalmente. Y si nuestro corazón apunta hacia una dirección, o hacia un anhelo, hay que ir a por él!

Eso sí, la creación de circunstancias tiene que ser continua. La mirada al mundo, a tí mifasmo, al otro y a la vida tiene que ser continua.

Hay gente que le pasan por delante oportunidades y no ven nada. Otros ven un montón donde otros ni las aprecian.

Y es que al final, lo que nos transforma no es sólo el pensamiento, ni el saber, sino el creer.

La buena suerte se puede crear.

Nuestra mirada condiciona el mundo. refleja tres tipos de creencias: lo que yo creo sobre mí, lo que yo creo sobre ti, lo que yo creo sobre la vida.

Así que ten cuidado cómo miras el mundo, porque el mundo será como tú lo mires.

“La realidad no es lo que creemos que es, es lo que hacemos que sea”.

Muchas veces proyectamos nuestras sombras sobre el otro. Nos ponemos a hacer algo tan complicado como pensar en qué piensa el otro sobre mí sin saberlo. Y esos prejuicios y proyecciones las hacemos sobre nosotros mismos en modo de falsas creencias.

¿Qué hay que hacer para que florezca la buena suerte? En primer lugar creer. Creer que puedes, que el otro puede, creer que juntos podemos.

En realidad hay muchas personas que saben que podrían llegar a hacer cosas. Pero se frenan al no creer en si mismos ni valorarse.

No vivimos a la altura de nuestras capacidades, vivimos a la altura de nuestras creencias.

“Los que dicen que es imposible no deberían molestar ni interrumpir a los que lo estamos haciendo”. Si alguna vez en vuestra vida enfrentáis un desafío importante, recordad esta frase.

Necesitamos una magnífica disposición, y además saber qué es lo que queremos transformar y crear. Y para eso nos ayudarán los hábitos.

Decía Ortega Y Gasset que sólo es posible progresar cuando se piensa en grande, y sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.

Pensar en grande es hacer que tu “yo” se convierta en un “nosotros”.

Porque muchas veces no lograremos lo que deseamos, pero el camino que habremos ido construyendo nos llevará a escenarios que no hubiéramos imaginado y que a lo mejor nos favorecen mucho más de lo que podíamos suponer.